Le miró con una mirada fulgurante pues su sentido del honor le hacía separar la bebida de las armas y ese tipo parecía incluso más insensato que el bárbaro en ese aspecto. Cogió con dos dedos la daga y la miró con cierto desagrado, aquellos trucos sucios no eran de su agrado pero el negocio era el negocio.
-¿La torre?, te refieres a la academia supongo.... sí, soy estudiante y tu supongo un borrachín insolente que todavía no se ha cruzado con los profesores porque no te he visto el maldito pelo por allí.-
Suspiró y puso los brazos en jarras.
-Bien, es posible que el viejo te pueda hacer algo mejor que este pinchito, pero antes tendrás que pagar por adelantado cinco piezas de plata, no somos las jodidas hermanitas de la puñetera caridad, esto es un negocio.-
Alargó la mano esperando que le pagara con una mirada inquisitiva.